La administración Bush anunció en 2004 que había decidido reducir el arsenal de armas nucleares “casi a la mitad” en 2012, pero se ha negado a revelar el número real. Sin embargo, una hoja informativa publicada por la Federation of American Scientists y Natural Resources Defense Council (*) estima la disminución del arsenal de aproximadamente las 9.938 cabezas nucleares de hoy a unas 5.047 a finales de 2012.
FAS y NRDC publicaron la hoja informativa en mayo del presente año porque el Congreso de EEUU está considerando la posibilidad de aprobar una propuesta de la administración para reanudar la producción industrial de nuevas armas nucleares, y porque los funcionarios del gobierno han dicho en el Congreso que la producción de nuevas cabezas nucleares permitirá reducir aún más el tamaño del arsenal en el futuro.
El arsenal de 2012, de algo más de 5.000 cabezas nucleares, representa una reducción significativa de las 24.000 cabezas nucleares del arsenal de los años 80, y de las 32.000 de 1966 -el mayor arsenal de la historia nuclear de EEUU-, pero es todavía un arsenal enorme para la post Guerra Fría. Nos se conoce ningún otro país con armas nucleares que se plantee tener un arsenal tan grande. El único país que también tendrá varios miles de cabezas nucleares en 2012 será Rusia, pero probablemente sólo mantendrá un gran arsenal porque EEUU lo hace.
La mayor parte del arsenal de 2012 no se tendrá en cuenta en el acuerdo SORT, firmado por EEUU y Rusia en 2002. Ese tratado sólo considera las “cabezas nucleares estratégicas operativas y desplegadas” -operational deployed strategic nuclear warheads-, que no deben superar las 2.200 a finales de 2012. El hoja informativa de FAS/NRDC estima que sólo 2.192 cabezas nucleares de EEUU serán tenidas en cuenta por el SORT, dejando otras 2.855 cabezas “invisibles”. El número de cabezas nucleares no contabilizadas será aún mayor en Rusia debido a que los rusos conservan muchas más armas nucleares no estratégicas que EEUU.
Aproximadamente la mitad de las cabezas nucleares del arsenal de 2012 estarán activas y listas para ser lanzadas en un plazo relativamente breve. Esto indica que la postura nuclear de EEUU, 17 años después del final de la Guerra Fría, está dominada todavía por una mentalidad de confrontación bélica nuclear.
Desmantelamientos secretos
El desmantelamiento de las casi 4.900 cabezas nucleares retiradas se demorará mucho más tiempo para acomodarse a los planes para el arsenal. En 2012, aproximadamente 3.660 cabezas nucleares retiradas seguirán estando almacenadas. La razón es que la instalación de desmantelamiento de EEUU, Pantex, en Texas, está ocupada en prolongar la vida de muchas cabezas nucleares que la administración ha decidido que permanezcan en el arsenal. El desmantelamiento no será una prioridad para el próximo decenio. En virtud de los planes actuales, el retraso en el desmantelamiento de las cabezas nucleares retiradas se prolongará hasta 2023, a una tasa media de unas 272 cabezas nucleares por año.
Los desmantelamientos nucleares -declaraba la National Nuclear Security Administration (NNSA) en el Congreso en 2006- representan “un elemento clave de nuestra estrategia para asegurar que el arsenal y la infraestructura de transformación no sea erróneamente percibida por otras naciones como un “reiniciar la carrera de armamentos”. “De hecho -explicó la NNSA-, nuestro compromiso con un arsenal más reducido se hace patente en nuestro historial de desmantelamientos progresivos.”
Este historial no es muy impresionante. A pesar de que la administración dice que planea desmantelar un 50 por ciento más cabezas nucleares en 2007 que en 2006, las cifras actuales son pequeñas -probablemente unas 200 cabezas por año- y muy alejadas de la media de 1.100 cabezas nucleares desmanteladas anualmente en la planta Pantex durante la década de los 90. De hecho, la administración Bush ha desmantelado el menor número de armas nucleares de cualquier administración de EEUU desde 1957, un récord que probablemente se mantenga durante 2023 de acuerdo con los planes actuales (véase el gráfico a continuación).
Si bien una parte de la administración está tratando de utilizar las cifras opacas de desmantelamientos como un medio para proporcionar seguridad al mundo, otra parte está trabajando para mantener el historial de desmantelamientos en secreto. Durante gran parte de la década de los 90, el Departamento de Energía (DOE) reveló fácilmente cuántas cabezas nucleares de cada tipo habían sido retiradas. En 1994, el DOE desclasificó muchos años de datos del arsenal. Pero en 1999, una nueva directiva emitida por la administración Clinton terminó con dicha práctica y ordenó que las cifras de los desmantelamientos debían mantenerse en secreto. Según funcionarios del DOE, la prohibición era necesaria porque los motivos para retirar más sistemas de armamento no podían ser desclasificados, y porque había que proteger la información que revelaría la magnitud del actual arsenal.
“Las tasas de desmantelamiento podrían revelar, por ejemplo, las cifras de la actual disminución del arsenal, lo significaría revelar información clasificada, porque el tamaño del arsenal es secreto”, explicó un alto oficial del DOE. Para aplicar la directiva, se realizó entre el DOE y el Departamento de Defensa (DOD) un acuerdo interinstitucional para proteger los datos de futuros desmantelamientos de armas.
Esta política supone que causaría un perjuicio grave para la seguridad nacional de EEUU que posibles adversarios supieran cuántas armas nucleares tiene EEUU. Pero esa hipótesis parece ser un legado de la Guerra Fría, cuando fuerzas nucleares masivas estaban preparadas para luchar en guerras nucleares y conocer datos sobre el número de cabezas nucleares podían marcar la diferencia. Es difícil ver por qué la divulgación de estas cifras sigue siendo un problema hoy.
¿Cuál es el plan final?
El actual plan para el arsenal se basa en una promesa hecha por el presidente Bush en 2001 para mantener sólo “un elemento de disuasión creíble con la menor cantidad posible de las armas nucleares en consonancia con nuestras necesidades de seguridad nacional.” Esta promesa se repite frecuentemente por los funcionarios del gobierno en testimonios ante el Congreso.
A pesar de que la promesa suena bien, no implica necesariamente que cambie nada. Después de todo, ¿cuándo no tuvo EEUU una política de mantenimiento de un elemento de disuasión creíble con la menor cantidad posible de las armas nucleares en consonancia con las necesidades en materia de seguridad? Esa fue la política cuando había 32.000 y 24.000 cabezas nucleares en el arsenal. Esa fue la política cuando se estableció en 1994 el actual arsenal de casi 10.000 cabezas nucleares, y es la política para las 5.000 cabezas nucleares del arsenal previsto para 2012.
Lo que, sin embargo, sí debería impresionar al Congreso ahora es que el tamaño del arsenal previsto para 2012 se basa en un nivel de cabezas nucleares desplegadas y en una estructura de fuerzas que se estableció hace una década, en 1997, en preparación de lo que entonces era conocido como el acuerdo START III. Aunque la administración Bush rechazó dicho acuerdo como una reliquia de la Guerra Fría, se aferraron a su nivel de fuerzas y lo incorporaron a la Revisión de la Postura Nuclear -Nuclear Posture Review- de 2001 y al acuerdo SORT firmado con Rusia en 2002 -excepto en lo relativo a verificación e irreversibilidad. Una década más tarde, no se ha establecido ningún nuevo objetivo general con respecto a las fuerzas nucleares.
Las cifras relativas al arsenal hablan de lo que son las verdaderas intenciones a largo plazo del gobierno estadounidense, e indican que lleva mucho tiempo pendiente una revisión de la política nuclear de EEUU. La percepción pública de la magnitud del arsenal nuclear es muy inexacta, según una reciente encuesta, y los medios de comunicación con frecuencia confunden sobre el tamaño del arsenal. Los países aliados tienen que estar seguros de que la política nuclear estadounidense no se mueve en la dirección equivocada, una preocupación que comparten ahora según un estudio reciente. Y la transparencia es necesaria para evitar que otras potencias nucleares extraigan conclusiones erróneas acerca de las intenciones a largo plazo de EEUU.
_
(*) Robert S. Norris, del NRDC, y Hans M. Kristensen, de la FAS, publicaron en mayo de 2007 la hoja informativa “Estimates of the U.S. Nuclear Weapons Stockpile (2007 and 2012)”. Las estimaciones presentadas en dicha hoja se basan en informaciones recogidas por los autores durante varios decenios acerca de la producción, la vida operativa y el desmantelamiento de las armas nucleares de EEUU. Las cifras y otros detalles ofrecidos por dicha hoja informativa pueden consultarse en este blog. También podéis ver la hoja informativa original en formato PDF aquí.

