
Israel ha cumplido su amenaza y ha lanzado una brutal ofensiva aérea sobre la franja de Gaza provocando ya en sus dos primeros días una matanza como no se recordaba desde hacía dos décadas. La ofensiva continúa y la invasión terrestre parece inminente…
Israel muestra una vez más su auténtico rostro, cruel e inhumano, sostenido por políticos, jefes militares, líderes religiosos, y millones de ciudadanos, para los que el asesinato selectivo o -como en esta ocasión- el bombardeo indiscriminado, son actos absolutamente “normales”. La irracionalidad de Israel, profundamente antisemita -pues semitas son los palestinos y los árabes en general, no ellos-, no cabe en la humanidad futura.
La asimetría de las fuerzas enfrentadas y de bajas sufridas es bien elocuente. Estamos ante un acto que deshumaniza a quienes lo planifican, ejecutan y secundan. La pretendida justificación del gobierno israelí -”frenar los incesantes ataques con cohetes de Hamas”- es una expresión de cinismo e hipocresía supremos. Ni la historia, ni la lógica, ni la razón moral del viejo enfrentamiento palestino-israelí están del lado de los ocupantes/destructores de Palestina.
Desde su invención en 1948, Israel no ha dejado de ser el elemento desestabilizador de Oriente Medio y, sus actuales intereses estratégicos en Asia Central y el Cáucaso, la razón -ignorada por muchos- de por qué las grandes potencias occidentales mantienen costosísimas operaciones militares que están muy lejos de resultarles rentables en materia económica y de seguridad.
Nosotros creemos que el mundo occidental no puede dar más refugio a su odio, a su neurosis colectiva, a su amenaza permanente, ni llamarlo “aliado”. Israel no es nuestro aliado. Es nuestro error. El gran error que lastra nuestro progreso desde hace más de medio siglo. Y debe desaparecer. Entre todos podemos y debemos darle fin. No hay más alternativa: o ellos, o nosotros.
¿Cómo? El pasado 18 de julio, The New York Times publicó un artículo del historiador judío israelí Benny Morris sobre las opciones de Israel contra la “amenaza iraní” que según él eran o debían ser, o bien un ataque convencional contra sus instalaciones nucleares, o bien un ataque no convencional que dejaría al país convertido en un desierto nuclear (*). Tomando el planteamiento de este intelectual serio y liberal, publicado en el periódico más serio y liberal del país más serio y liberal del mundo… ¿valdría esto mismo como solución para un Israel cada vez más incordiante y peligroso? …Seguramente, no. Porque nosotros no somos como ellos.
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(*) El artículo concluía así: “Iran’s leaders would do well to rethink their gamble and suspend their nuclear program. Bar this, the best they could hope for is that Israel’s conventional air assault will destroy their nuclear facilities. To be sure, this would mean thousands of Iranian casualties and international humiliation. But the alternative is an Iran turned into a nuclear wasteland. Some Iranians may believe that this is a worthwhile gamble if the prospect is Israel’s demise. But most Iranians probably don’t.” [ Visto en The New York Times ]
Martes, 30 Diciembre, 2008 a las 12:31 am |
Fragmento del análisis de Miguel A. Murado a propósito de la ofensiva israelí sobre Gaza, titulado “Día claro sobre Gaza, nublado en el resto del mundo”, publicado en La Voz de Galicia (28.12.2008):
[…] Aunque Israel sabe que no sufrirá ninguna represalia diplomática, una violencia tan desproporcionada requiere una racionalización. En este caso es que los bombardeos son la respuesta al lanzamiento de cohetes Kassam contra Israel, obra de Hamás, que rechaza el derecho de Israel a existir casi tanto como Israel rechaza el derecho a existir de Palestina.
Mala argumentación
Es una argumentación que se sujeta mal. Los Kassam son artefactos caseros con una pequeña carga explosiva y un radio de acción muy limitado. Han causado muertes, pero ninguna desde que Hamás puso fin a su tregua hace una semana. La prueba del nueve la ofrece Cisjordania, donde los palestinos no lanzan cohetes y tienen líderes que colaboran en todo con Israel, lo cual, sin embargo, no los libra de bloqueos, ataques y confiscaciones de tierras, como la reciente de Hebrón. Israel, en el fondo, no sabe lo que quiere de los palestinos, porque no quiere nada. Quiere que no estén ahí. Pero no pueden evitarlo: son de ahí.
Israel ocupó Gaza en una guerra ofensiva veinte años antes del primer acto de violencia de Hamás y treinta antes del primer cohete Kassam. La causa-efecto no favorece la tesis israelí. Tampoco las leyes internacionales, por lo que puedan valer. La legítima defensa no es un concepto relativo, está perfectamente delimitada en Derecho Internacional y sería como mucho Gaza, que sufre un bloqueo permanente, y no Israel, potencia ocupante desde 1967, la que podría reclamarla, y sólo si se ajusta al derecho de la guerra, que ningún lado respeta. […]
Jueves, 15 Enero, 2009 a las 10:37 pm |
En relación a los topicazos que los medios occidentales difunden sobre Hamas (que si tomó el poder por la fuerza, que si el bloqueo económico israelí fue impuesto tras el ‘golpe de estado’ de Hamas, que si la culpa de la ofensiva es de Hamas por seguir lanzando cohetes contra Israel, que si Israel se defiende de los ataques palestinos, que si la ofensiva israelí es contra la infraestructura terrorista de Hamas…), recomendamos leer el artículo de la corresponsal Mónica G. Prieto publicado en El Mundo (30.12.2008) y que se puede leer aquí.
Jueves, 16 Julio, 2009 a las 1:25 pm |
Visto en “La Voz de Galicia” 16-7-2009
de Ana Cárdenas [ ver noticia aquí ]
ISRAEL. “La norma era: dispara si te apetece”
«La norma era: dispara si te apetece». La frase forma parte de los testimonios de soldados israelíes que participaron en la operación Plomo Fundido en Gaza y que, posteriormente, colaboraron con la organización Breaking The Silencio para construir un informe que fue difundido ayer. Este soldado dijo que los mandos «repetían todo el tiempo que esto es la guerra y que en la guerra no hay restricciones para abrir fuego».
Otro militar asegura: «No había que tener ninguna consideración hacia los civiles, disparábamos a todo el que viésemos. Se nos repetía que las consideraciones humanitarias no tenían cabida: No dejéis que la moralidad sea un problema. Dejad las pesadillas para luego y ahora, simplemente, disparad».
Un joven se lamenta de «el odio y la alegría de matar» entre las tropas. «Toda esa destrucción, todo ese fuego contra inocentes [...] era simplemente increíble», dice un uniformado cuyo batallón estaba formado por «60 chicos de entre 19 y 20 años, para quienes la vulgaridad y la violencia son una forma de vida» y donde «no había nadie para reprimirte». Otro califica el fuego de artillería israelí de «demencial» y reconoce: «Estábamos matando a inocentes».
Los combatientes también describen la destrucción gratuita de viviendas y cómo no se dejaba «ni una sola casa intacta». Un soldado que estuvo en un cañón de tanque en el noroeste de la franja asegura que, si tenía que girar y no había visibilidad, «se disparaban doce bombas a las casas de alrededor y se continuaba».
En dos semanas de ofensiva asegura haber disparado 50 bombas, 32 cajas de munición de ametralladora (más de 7.000 disparos), 20 explosivos de mortero de 60 milímetros y 300 cargas de ametralladora pesada Browning 0.5. «Y eso es solo un tanque: había más de 200».
«Te sientes como un niño que prende fuego a las hormigas con una lupa»
«Muchas veces disparábamos sin ver al enemigo delante de nuestros ojos», coinciden muchos de los testimonios. «Te sientes como un niño que prende fuego a las hormigas con una lupa», declara otro soldado, que añade que «alguien de 20 años no debería hacer este tipos de cosas».
«Lo que está ocurriendo en el Ejército israelí es que la excepción se está convirtiendo en la norma, y esto requiere una profunda reflexión», denuncia la organización que realizó el informe. A su juicio, todas las prácticas relatadas fueron llevadas a cabo «con el consentimiento de los altos mandos».
«Ellos permitían actuar sin ningún tipo de restricción moral», dice el texto de la ONG, que denuncia la política del Ejército israelí, basada en «inculcar a los soldados la idea de disparar sin hacer preguntas». El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, tuvo que salir al paso del informe y dijo que las críticas son injustificadas.