La noticia ha dejado a más de un analista perplejo: Irán se abre a la inversión extranjera, al más puro estilo neoliberal. ¿Significa esto que las brutales sanciones internacionales y las amenazas de guerra por parte de EEUU, Israel y Francia están haciendo mella en el orgulloso gobierno iraní? ¿Es que finalmente la indómita nación persa entregará su riqueza económica a multinacionales occidentales sin necesidad de que la bombardeen?
Con el precio del crudo a 140 dólares el barril, y subiendo, no parece que Irán esté bajo una camisa de fuerza financiera como es el caso de la mayoría de los países en vía de desarrollo –sobreendeudados-, que están obligados por sus acreedores a vender sus activos nacionales para pagar una creciente deuda externa. Entonces, ¿qué resortes políticos impulsan esta sorprendente medida? ¿Y por qué ahora?
Según el canadiense M. Chossudovsky, profesor de economía, esta aparente apertura a los intereses occidentales es una jugada estratégica de Irán para buscar aliados en su pulso a muerte con EEUU.
El programa iraní
Si bien el programa de privatizaciones iraní se inició durante el gobierno de Muhammad Jatami, a finales de los 90, la reciente salida a la venta de acciones en las principales empresas estatales de Irán, apunta a un nuevo plan. La medida es de largo alcance y va más allá de las privatizaciones aplicadas en los países que pertenecen a la esfera de influencia estadounidense: la medida está ideada para atraer la máxima inversión extranjera y forma parte de un radical programa de liberalización económica iraní.
Teherán permitirá a inversores extranjeros la compra ilimitada de acciones de empresas estatales en proceso de privatización, siempre y cuando el conjunto de la propiedad extranjera en un determinado sector industrial no exceda del 35%. Entre otros nuevos incentivos está el que las empresas extranjeras también podrán transferir sus beneficios anuales fuera de Irán en cualquier moneda que deseen. Varias empresas occidentales ya se han mostrado interesadas…
Es importante analizar detenidamente esta decisión iraní. El momento del anuncio de la Iranian Privatization Organization (IPO) coincide con nuevas sanciones internacionales contra Irán y nuevas filtraciones a la prensa sobre un posible ataque militar –bien estadounidense, bien israelí- contra el país.
Por otra parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha confirmado, con ciertas reservas, que Teherán ha iniciado la transición hacia una economía de mercado, lo que exige la simultánea aceleración del programa de privatizaciones con el fin de generar confianza en los inversores (2). Así, en su revisión del pasado mes de mayo (3) el FMI elogió a Teherán por su programa, que básicamente transfiere la propiedad de bienes del Estado a manos privadas, al tiempo que subrayó que se está llevando a cabo en una forma rápida y eficiente.
Todos sabemos que las instituciones nacidas de Bretton Woods sirven directamente a los intereses de EEUU, no sólo por su evidentes conexiones con Wall Street y con el Departamento del Tesoro estadounidense, sino también con el Departamento de Estado, el Pentágono y la OTAN. El FMI y el Banco Mundial suelen ser consultados antes de emprender una guerra y, al término de la misma, aparecen para ofrecer sus préstamos “post conflict reconstruction”.
Las privatizaciones sugieren que Irán está dispuesto a permitir que el capital extranjero participe e incluso se haga con el control de importantes sectores clave de la economía iraní. De hecho, según el presidente de la IPO, Gholamreza Kord-Zanganeh, unas 230 empresas estatales habrán sido privatizadas para marzo de 2009 (finales del año iraní). Las acciones de unas 177 empresas estatales ya salieron a la venta en la Bolsa de Valores de Teherán (Tehran Stock Exchange, TSE) en marzo de 2008.
La estatal Compañía de Telecomunicaciones de Irán (Telecommunication Company of Iran, TCI) ha indicado que algunas compañías extranjeras de telecomunicaciones han expresado ya su interés en adquirir sus acciones cuando el gobierno las saque a la venta el próximo mes. La prensa iraní no ha dado los nombres de los posibles inversores. La TCI tiene el monopolio en el Irán del mercado telefonía fija y es también el mayor operador de telefonía móvil a través de su filial MCI.
Alcatel de Francia, el grupo MTN de Sudáfrica y Siemens de Alemania ya tienen importantes intereses en la industria iraní de las telecomunicaciones. Otros sectores clave de la economía iraní, incluyendo las industrias del aluminio, del cobre, del hierro y del acero, han entrado recientemente en proceso de privatización, con acciones de empresas estatales a la venta en la TSE.
Washington prefiere la guerra
Sin embargo, Washington no tiene el menor interés en la aplicación de un programa de privatizaciones en Irán. Y menos como una alternativa a la guerra (que se está librando ya en el plano económico y financiero). De hecho, busca todo lo contrario. Hay indicios de que el principal objetivo del gobierno estadounidense respecto a Irán, ahora, es detener ese programa de privatizaciones.
En efecto, en lugar de ser aplaudido por Washington como un paso en la dirección “correcta”, el programa de privatizaciones de Teherán coincide con la puesta en marcha de una amplia resolución en el Congreso de EEUU -Resolución 362-, que insta al presidente George W. Bush no sólo a que obligue a todos los países a aplicar sanciones financieras contra Irán, sino a que presione a todos los países para que se prohiba la exportación a Irán de todos los productos refinados del petróleo, que se impongan estrictas inspecciones a todas las personas y a todos los coches, barcos, aviones, trenes -carga incluida- que entren o salgan de Irán, y que se prohíba la circulación internacional de todos los funcionarios iraníes que no participan en la negociación para la suspensión del programa nuclear iraní (4).
Estas sanciones económicas ampliadas y endurecidas pretenden paralizar el comercio y las transacciones monetarias de Irán, pero también paralizarán su programa de privatizaciones y la transferencia de activos del estado iraní a manos extranjeras.
¿Por qué la administración Bush se opone a la aplicación de un programa de privatización de estilo neoliberal que sustraerá de la República Islámica de Irán algunos de sus activos más rentables? Si la “conquista económica” era el objetivo último de sus campañas militares en la región, ¿cuál es entonces el motivo para insistir en bombardear Irán –o estrangularlo económicamente, que es lo mismo, o sea, un acto de guerra-, cuando estamos viendo que el gobierno iraní acepta entregar sus bienes a bajo precio a inversores extranjeros, como han hecho antes otros países en vías de desarrollo?
He aquí la clave para entenderlo todo: los mayores inversores extranjeros en Irán son China y Rusia.
Mientras que las empresas de EEUU están notoriamente ausentes de la lista de inversores extranjeros directos, Alemania, Italia y Japón tienen importantes intereses de inversión en petróleo y gas, la industria petroquímica, la generación de energía y la construcción, así como en la banca. Y son, junto con China y Rusia, los principales beneficiarios del programa de privatizaciones.
Uno de los principales objetivos de la Resolución 362 es evitar que las empresas extranjeras -incluidas las de la Unión Europea y Japón- adquieran una mayor participación en la economía iraní como les ofrece el programa de privatización de Teherán.
Otros países con importantes intereses de inversión en Irán son Francia, India, Noruega, Corea del Sur, Suecia y Suiza. La sueca Svedala Industri tiene importantes intereses en las minas de cobre de Irán. Francia, Japón y Corea tienen intereses en la industria del automóvil, en la forma de acuerdos de licencia con fabricantes de automóviles iraníes. La petrolera italiana ENI invierte en el desarrollo de las fases 4 y 5 del campo petrolífero South Pars, las cuales ascienden a 3,8 mil millones de dólares (5). La francesa Total y el grupo anglo-holandés Shell están involucrados en el gas natural.
Si bien el proceso de privatización no permite la venta de la compañía petrolera estatal, se crea un entorno que favorece la inversión extranjera de una serie de países, entre ellos China, Rusia, Italia, Malasia, etc., en refinerías de petróleo, industrias petroquímicas, infraestructuras para la exploración, oleoductos, gasoductos, y otros servicios relacionados.
Aunque varias empresas de EEUU llevan a cabo negocios -de manera extraoficial, claro- en Irán, el régimen de sanciones comerciales (renovado y endurecido con la administración Bush) prohíbe a los ciudadanos y las empresas estadounidenses hacer negocios en Irán. En otras palabras, las empresas de EEUU no pueden adquirir activos del estado iraní, a menos que las sanciones comerciales se levanten. Y aunque pudieran, no tendrían un trato preferencial, como ha ocurrido en el Irak devastado por la guerra, donde la propiedad y el control de sectores enteros de la economía nacional pasaron, por pura y simple transferencia, a un puñado de empresas estadounidenses: el programa iraní asegura que todas las empresas extranjeras serán tratadas en pie de igualdad.
En definitiva, el programa de privatizaciones de Teherán no sirve a los intereses económicos y estratégicos de EEUU, sino que faverece, más bien, a los países que mantienen desde hace mucho tiempo relaciones comerciales y de inversión con la República Islámica. Favorece a inversores chinos, rusos, europeos y japoneses, y deja fuera a los estadounidenses. En consecuencia, debilita la hegemonía americana, actúa contra los planes de Washington de construir un mundo unipolar mediante el recurso a la fuerza militar o económica.
Y es por eso que Washington quiere reventar este programa presionando a todo el mundo para que se apliquen sanciones económicas cada vez más duras contra Irán, no tanto para “impedir que fabrique bombas nucleares”, sino para paralizar el comercio, las inversiones y los flujos monetarios con Irán. Las sanciones económicas propuestas por la Resolución 362 pretenden estrangular económicamente a Irán y evitar la transferencia de los activos iraníes a manos de potencias económicas rivales como son –o podrían serlo- China, Rusia, la Unión Europea y Japón.
Del mismo modo que la guerra contra Irak fue fundamentalmente para que ni Rusia, ni China ni la Unión Europea se beneficiaran del país, a expensas de EEUU, la actual guerra económica contra Irán es fundamentalmente para lo mismo. El problema es que si en 2003 teníamos a Putin, Chirac y Schoeder oponiéndose a los planes de Washington, hoy los ciudadanos europeos estamos prácticamente solos.
.
_
(1) Consultar: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=9501
(2) Consultar: http://www.imf.org/external/country/IRN/index.htm
(3) Consultar: http://www.imf.org/external/np/sec/pr/2008/pr08108.htm
(4) Consultar: http://www.govtrack.us/congress/billtext.xpd?bill=hc110-362
(5) Consultar: http://www.en.ipo.ir/index.aspx?siteid=83&pageid=341&newsview=2136

Sábado, 12 Julio, 2008 a las 2:20 pm |
Es, desde mi punto de vista, del todo equivocado presentar las privatizaciones de empresas estatales iraníes como un programa de política neoliberal del gobierno (punto de vista que refleja la estrechez de la perspectiva occidental en lo que a esto se refiere), en la medida en que el Corán sigue siendo la única fuente de derecho en dicho país, el cual permite la existencia de propiedad privada encontrándose sometida y limitada por una serie de disposiciones para impedir un uso indebido de la misma que pueda perjudicar a la comunidad. Así pues, aunque ciertas empresas estatales iraníes sean privatizadas, en ningún caso Irán camina hacia una economía de libre mercado o capitalista, ya que el Estado, como representante del pueblo, se reserservará el derecho a intervenir sobre la economía cuando sus intereses lo exijan.
Dicho esto, sin duda alguna son motivaciones estratégicas las que más han pesado para tomar esta decisión, ya que Irán requiere de inversión extranjera para disponer de las suficientes instalaciones de refinado, pues su capacidad de refinamiento es mínima, lo que le fuerza a importar combustible del exterior. Asimismo, es favorable para la economía iraní recibir inversiones extranjeras para generar empleo y minimizar el efecto de la inflación que padecen allí.
Un saludo.
Sábado, 12 Julio, 2008 a las 11:46 pm |
Gracias, Emboscado, por tu comentario. Estamos de acuerdo contigo, pero…
1. Las privatizaciones iraníes son un hecho, la disposición del IPO a la inversión extranjera ilimitada es un hecho, y la reacción favorable del FMI es un hecho. No creemos que el gobierno iraní esté traicionando las leyes del Islam por privatizar algunas de sus empresas y por permitir que las compren extranjeros. En cualquier caso, este aspecto religioso-moral-legal no nos interesa en este blog.
2. Tampoco creemos -ni hemos pretendido dar a entender- que Irán esté dirigiéndose hacia un modelo de libre mercado tal como se concibe en el mundo occidental-capitalista. Es probable que, si les dejan, los iraníes exploren alguna “tercera vía”.
3. Nosotros queremos poner de relieve las implicaciones estratégicas -más allá de las económicas- que vemos en el programa de privatizaciones, precisamente porque creemos que son una inteligente jugada de “defensa y contraataque” en una guerra en la que los enemigos de Irán atacan con las únicas armas que podrían ser eficaces: sanciones y bloqueo económico. La guerra de la que tanto se rumorea ya empezó, pero no es nuclear, es económica. Y ambos contendientes buscan aliados.
Sábado, 30 Agosto, 2008 a las 1:04 am |
NUESTRO UNICO HOGAR
Sólo imaginando la inmensidad del cosmos podemos apreciar cabalmente la insignificancia de nuestro planeta. Vivimos en un pequeño astro que gira alrededor de una de las 100 000 millones estrellas de una galaxia denominada Vía Láctea. Esta galaxia, a su vez, es una de las millones de aglomeraciones de estrellas que constituyen el universo conocido.
Hasta donde sabemos, ni en el Sistema Solar ni alrededor de las estrellas cercanas existen planetas apropiados para la vida humana; así que si deseamos colonizar otros mundos tendremos que buscarlos a muchos parsecs de distancia, para lo cual requeriremos de una tecnología que sólo estará disponible dentro de varios siglos, siempre y cuando la ciencia y la tecnología continúen progresando al ritmo actual y no ocurra alguna catástrofe natural o social de proporciones planetarias.
Así pues, como éste es el único planeta de que disponemos, ya es hora de que los más de 6 000 millones de habitantes de la Tierra comencemos concientizarnos plenamente de que si no la administramos apropiadamente, dentro de poco tiempo lo lamentaremos (si es que todavía queda alguien para lamentarlo). Si hacemos inhabitable este planeta, todos, pobres, ricos, blancos, negros, amarillos, cristianos, judíos, musulmanes, budistas, ateos, etc. nos quedaremos sin hogar.
Los hombres y mujeres de la actualidad tenemos derecho a soñar y a exigir un mundo mejor: más sano, más limpio, más justo y más seguro. Por supuesto que nunca vamos a lograr un mundo perfecto, ya que esto no lo sueña ni el más fervoroso utopista. Pero sí deseamos vivir en un planeta en el que no haya diferencias tan brutales entre ricos y pobres; en el que no haya explotación infantil, guerras (y sus secuelas, como la devastación de los ecosistemas, destrucción del tejido social, hambrunas, etc.), menosprecio y abuso institucional de las mujeres y los niños, indiferencia ante las enfermedades curables, deforestación y otros daños ecológicos, impunidad de políticos y militares criminales, etc.
Ya estamos hartos de que en ciertos países todavía se considere a las mujeres como menores de edad durante toda su vida y que se les conculquen sus derechos políticos, se les prohíba ejercer su derecho al voto, a casarse quienes ellas deseen, a manejar vehículos motorizados, a salir solas a la calle, etc. Tampoco queremos volver a oír que en algunos países se obliga a los niños a participar en las guerras, o que se les se recluta para realizar trabajos forzados en maquiladoras clandestinas (y no tan clandestinas). Nos oponemos a que en todo el mundo sea una práctica común la prostitución infantil, la trata de blancas, el tráfico de indocumentados y otras actividades, y que los gobiernos nacionales no puedan (o no quieran) combatir estas prácticas.
Pero de esto no sólo son culpables los gobiernos ineficientes, autoritarios y corruptos del llamado Tercer Mundo. Muchas de estas problemáticas las generan, directa o indirectamente, los países desarrollados, cuyos gobernantes hipócritamente se lavan las manos. Por ejemplo, mucha de la tala de los bosques amazónicos se debe en gran medida a la enorme demanda de maderas tropicales en Estados Unidos y Europa; mucho del denominado “turismo sexual” de los países desarrollados genera una amplia “oferta” de niños en los países del Tercer Mundo; muchos de los ejemplares de las especies en extinción capturados en los los trópicos son enviados a los países desarrollados, en donde se utilizan como mascotas. Pero lo más preocupante es el voraz apetito del Primer Mundo por las materias primas del mundo subdesarrollado que, gracias a la complicidad de los gobiernos locales, genera desestabilización política y social, así como deterioro ambiental en amplias zonas de Asia, África y América Latina. Detrás de las masacres de Ruanda, Etiopía, Sudán y otros países estuvieron las sucias manos de las trasnacionales de varios países occidentales y de sus gobiernos cómplices.
Sin embargo, el caso más emblemático en este momento es el de la invasión de Irak. Con el pretexto de que el régimen de Sadán Husein poseía armas de destrucción masiva “que constituían un peligro para el mundo entero” la camarilla neoconservadora de Estados Unidos inició una invasión unilateral sin autorización de la ONU. Con la ayuda de sus aliados de la “coalición” arrasó prácticamente toda la infraestructura de ese país, provocó la muerte de casi 300 000 civiles y destruyó el tejido social al revivir viejas pugnas interétnicas e interreligiosas. Cuando descubrió que no existían las peligrosas armas de destrucción masiva que buscaba, el gobierno norteamericano debió disculparse, abandonar el país e indemnizar a la población por los destrozos de la invasión. Pero Bush y sus cómplices no podían desperdiciar la oportunidad de posicionar estratégicamente sus fuerzas armadas y apoderarse del petróleo iraquí, así que decidieron quedarse, continuar la masacre y declarar al mundo que “en realidad de lo que se trataba era de eliminar una dictadura e implantar la democracia en Irak”
Pero pocos creyeron que un país que ha apuntalado dictaduras en Haití, República Dominicana, Nicaragua, Argentina, El Salvador, Corea, Irán, Chile, etc. repentinamente se había convertido en promotor de la democracia. No obstante, ningún gobierno del mundo protestó por este descarado acto de abuso, genocidio y rapiña. Sólo la sociedad civil se manifestó en contra de los gobiernos que habían participado en la “coalición”, y así fue como se organizaron nutridas manifestaciones de rechazo a la guerra en Inglaterra, España, Alemania y en el propio Estados Unidos. Pero estas manifestaciones públicas poco influyeron en los acontecimientos posteriores a la invasión: los jefes del complejo militar industrial norteamericano continuaron con su labor de “pacificación” en Irak, hasta que lograron que el gobierno títere impuesto por ellos mismos aprobara una ley que autorizaba la explotación indiscriminada de los yacimientos petroleros a las trasnacionales norteamericanas y a las de sus socios ingleses. El caso de Afganistán es similar, pero este país no es tan estratégico para Washington, porque prácticamente no tiene reservas petroleras. No obstante, por su posición geográfica y por ser un “semillero de terroristas”, el gobierno de Bush también decidió invadirlo y, según todas las apariencias, tiene planeado quedarse allí por largo tiempo.
Podría llenar cientos de páginas describiendo las arbitrariedades e injusticias que se comenten continua y sistemáticamente en todo el planeta y que habitualmente quedan impunes o simplemente son ignoradas por la opinión pública mundial. Las diarias tribulaciones del pueblo palestino y las guerras civiles de Etiopía y Somalia ya no parecen interesar a nadie. También parece que el mundo ya se olvidó de casos añejos como el de la República Sajaraui, continuamente hostigada por el rey de Marruecos, el de las Islas Malvinas y la reticencia de los británicos a devolverlas a sus legítimos dueños; la ocupación eterna ocupación del territorio de Guantánamo sin el consentimiento del gobierno de Cuba, etc.
Por supuesto que ya se están haciendo intentos serios para enfrentar algunos de los problemas más acuciantes de nuestro mundo. Desde hace varios años existen organizaciones que tratan de resolver globalmente problemas ambientales, sanitarios, alimentarios, migratorios, etc. Otros grupos se conforman con denunciar actividades gubernamentales o privadas que atentan contra la justicia, los derechos de los sectores marginales, las minorías étnicas, los niños, los animales o los ecosistemas. Cada vez ganan más espacios en la opinión pública los organismos como Amnistía Internacional, Green Peace, World Wildlife Organization, Médicos sin Fronteras, Periodistas sin Fronteras, One Planet Fundation, One life, etc. Sin embargo, por mejores intenciones que tengan estos grupos, sus esfuerzos siempre serán insuficientes, por dos razones fundamentales: no disponen de las enormes cantidades de dinero que se requieren para resolver a fondo los problemas mundiales y carecen de poder coercitivo para imponer sanciones.
Así pues, la única institución que podría imponer orden y justicia en este mundo y que tendría capacidad para frenar el creciente deterioro ambiental y social del planeta es la Organización de las Naciones Unidas. Desafortunadamente, este organismo jamás podrá alcanzar esta meta si no lo sometemos a una profunda reestructuración, y para que esto sea posible primero tendríamos que convencer a todos los gobiernos del mundo de la urgente necesidad realizar dicha reestructuración.
Sólo una ONU fortalecida y reestructurada podrá resolver estas problemáticas, realizando labores de coordinación entre los distintas naciones y sancionando económica o militarmente a los gobiernos infractores y renuentes a acatar los lineamientos establecidos por la comunidad mundial. Esto es necesario debido a que existen realidades que requieren no sólo de labores de coordinación, sino también de coerción, ya que, aun cuando algunos gobiernos aseguran que no pueden erradicar ciertas prácticas, la realidad es que no quieren hacerlo.
¿Es éste un proyecto utópico? Probablemente lo sea, como los son todos los proyectos realmente trascendentes. Pero, ¿qué sería de la Humanidad si a lo largo de la Historia no hubiera habido hombres y mujeres que no aceptaron la fea realidad que les tocó vivir? ¿Actualmente quién se atrevería a burlarse de los sueños de Espartaco, Bartolomé de las Casas, Ghandi o Luther King?
Sin embargo, años e incluso décadas de lamentaciones, denuncias y manifestaciones públicas no han servido para conmover a la opinión pública mundial ni para obligar a los gobiernos a resolver definitivamente los asuntos pendientes a lo largo y ancho del planeta. Ante este panorama, insisto en que ha llegado el momento de abandonar las acciones aisladas en las que sólo participan algunos individuos entusiastas, a quienes les sobran buenas intenciones pero carecen del tiempo, el dinero y sobre todo de la autoridad y la fuerza para extirpar de raíz los tumores que laceran a la Humanidad.
Por lo tanto, ahora que disponemos de esta ágora pública global denominada Internet, propongo a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de este planeta, nuestro único hogar, el siguiente proyecto de transformación radical de la Organización de las Naciones Unidas.
ANTECEDENTES
Como todo mundo sabe, el primer intento de crear un organismo mundial que permitiera a los gobiernos resolver de manera pacífica sus diferencias fue la creación de la Liga de las Naciones. Desafortunadamente, desde su aparición este organismo estaba destinado al fracaso, principalmente por dos razones: no contaba con mecanismos coercitivos para hacer valer sus resoluciones y no disponía de suficiente presupuesto para operar. Era natural que naciera prácticamente muerto, pues, en primer lugar no todas las naciones del mundo se adhirieron a él; además, los países que lo conformaron nunca estuvieron dispuestos a ceder soberanía ni a destinar institucionalmente una aportación anual para su sostenimiento.
Para el año de l933, cuando el Partido Nazi llegó al poder en Alemania y los fascista de Italia y Japón llevaban años gobernando, la Liga de las Naciones prácticamente había desaparecido, así que en l939 no hubo poder terrenal que impidiera los horrores de la Segunda Guerra Mundial.
Al concluir la guerra, las potencias victoriosas, encabezadas por Estados Unidos, Inglaterra y la URSS, decidieron revivir la Liga de las Naciones, ahora con el nombre de Organización de las Naciones Unidas.
Pero el nuevo organismo todavía estaba muy lejos de convertirse en la materialización del sueño de los amantes de la paz y el orden mundial. Aun cuando ya disponía de un presupuesto más o menos asegurado y podía echar mano de tropas internacionales en momentos de crisis, sólo tenía capacidad para operar en países periféricos y no podía meter en cintura a las grandes naciones, mucho menos a las potencias mundiales. Por otra parte, mientras que desde el principio la mayoría de los países tenían incentivos para integrarse a la Asamblea General, la pertenencia a sus organismos filiales, como la UNICEF, la UNESCO, la FAO, no era obligatoria. Por lo tanto, cuando a un gobierno no le agradaba la actuación de algún órgano de la ONU, simplemente lo abandonaba. Otro órgano filial que muestra la debilidad de la ONU es el Tribunal Internacional de Justicia, cuyos veredictos (al igual que algunas resoluciones de la Asamblea General) no siempre son acatados por los gobiernos, especialmente por los de las grandes potencias.
No soy el primero ni el único en sugerir una reestructuración total de la ONU, pero casi todas las propuestas anteriores han consistido en modificaciones que esencialmente no producirían un cambio sustancial en el status quo mundial, ya que únicamente proponían medidas para incrementar su eficiencia operativa; es decir, se trataba de transformaciones administrativas. No ignoro que también se han propuesto medidas de carácter político, como la desaparición del Consejo de Seguridad, por constituir un especie de club de los privilegiados (como se sabe, los cinco miembros permanentes de este órgano tienen derecho a veto, por lo que pueden bloquear cualquier acción que amenace sus intereses). También se ha sugerido que se dote a la ONU un ejército permanente y que posea su propio territorio, así como patrimonio propio. Esto último está bien (y lo incluyo en mi propuesta), Sin embargo, una trasformación completa debe empezar con la modificación radical de todas legislaciones nacionales, en un proceso inédito de cesión de soberanía en favor de este organismo, para que pueda ejercer a cabalidad su función de árbitro mundial plenamente soberano y autónomo.
PROPUESTA
CONSIDERANDO:
1.- Que para la satisfacción de nuestras necesidades vitales los seres humanos sólo disponemos de un planeta, el cual es el único hábitat que puede sustentar por tiempo indefinido la civilización universal en la que ha devenido la conjunción todas las civilizaciones regionales que hemos desarrollado a lo largo de los siglos.
2.- Que todas las etnias y culturas de la Tierra han contribuido, en mayor o en menor medida, a la formación de la actual civilización planetaria, por lo que todas tienen igual derecho a disfrutar de los beneficios del desarrollo científico, tecnológico y cultural que han alcanzado conjuntamente todas las naciones del Planeta.
3.- Que el actual desarrollo de las comunicaciones y los trasportes ya no permite el aislamiento de ninguna de las regiones y países que conforman la comunidad planetaria, y que fenómenos como las epidemias, el narcotráfico, el trasiego de armas, la trata de personas, la migración, el cambio climático, la extinción de especies, etc. sólo pueden ser abordados desde una perspectiva mundial.
4.- Que así como los gobiernos nacionales realizan acciones institucionales para fomentar el desarrollo de las regiones más rezagadas de cada país, debe haber una institución mundial que contribuya sistemáticamente a reducir las enormes diferencias que actualmente existen entre los países pobres y ricos del Planeta.
5.- Que ningún gobierno u oligarquía política, militar o religiosa es propietaria de país alguno del mundo y que, aun cuando se autoproclamen custodios de alguna cultura, ideología, etnia, religión o nación, no tienen derecho a sojuzgar a sus pueblos ni a obstaculizar su derecho a la libertad política, al libre tránsito, a la libre expresión de ideas y creencias religiosas y a todos los demás derechos humanos esenciales.
6.- Que los gastos que actualmente realizan los países en armamento y en el sostenimiento de los ejércitos nacionales ya no se justifican, y que son todavía menos tolerables los costos económicos y sociales de las secuelas de las guerras de cualquier naturaleza.
7.- Que así como todos los individuos de una nación son iguales ante la ley, las naciones débiles o pequeñas deben tener los mismos derechos que las grandes y poderosas, y que esto sólo puede lograrse mediante la intervención de un árbitro mundial con capacidad y recursos suficientes para imponer sus veredictos a cualquier nación del Planeta, independientemente de lo grande, rica y poderosa que sea.
Con base en las anteriores consideraciones, me permito exponer las siguientes propuestas para modificar el injusto, precario y peligroso orden mundial que actualmente prevalece, y que puede llevarnos a la barbarie, al caos e incluso a la extinción.
PRIMERA PROPUESTA.
Por acuerdo universal se declara la desaparición de todos los ejércitos nacionales, por lo que cada país sólo dispondrá de un cuerpo militar con las características y atribuciones de una guardia civil. Los países que cuenten con litorales marítimos también dispondrán de una guardia costera. El número de elementos militares con que contará cada país, así como el armamento de que dispondrán para cumplir con sus obligaciones será determinado por la Organización de las Naciones Unidas.
Tanto la guardia civil como la guardia costera sólo operarán en el territorio del país al que pertenezcan, así como en sus mares patrimoniales, y en ningún caso intervendrán fuera de sus territorios jurisdiccionales.
SEGUNDA PROPUESTA
Todas y cada una de las naciones del mundo contribuirán obligatoriamente al sostenimiento de la organización de las Naciones Unidas. Las naciones con ingreso per cápita superior a l5 000 dólares anuales aportarán el 1 por ciento de su producto interno bruto; las naciones con ingreso per cápita entre 4 000 y 15 000 dólares anuales aportarán el 0.5 por ciento de su producto interno bruto; Los países con ingreso per cápita inferior a 4 000 o que se encuentren en estado de crisis por guerras, hambrunas u otro tipo de catástrofes sociales o naturales, provisionalmente quedarán exentas de esta aportación, sin menoscabo de sus derechos. El monto de la aportación de cada país se incluirá en el presupuesto de egresos de cada nación y no estará sujeto a negociación o condición de ningún tipo.
TERCERA PROPUESTA
La Organización de las Naciones Unidas conservará todas las atribuciones que tiene actualmente pero, además, dispondrá de otras facultades, para lo cual se modificará radicalmente su estructura, de la siguiente manera:
a) Desaparece el Consejo de Seguridad, por lo que ya no habrá miembros privilegiados con derecho a veto.
b) Desaparece la Asamblea General y en su lugar se crea una Asamblea Permanente de Representantes, integrada por delegados de todos los países de la Tierra. Cada delegado tendrá derecho a un voto si representa a un país con menos de 100 millones de habitantes, y a otro voto por cada 100 millones de habitantes adicionales. Por lo tanto, un país con más de l00 millones pero con menos de 200 millones de habitantes tendrá derecho a 2 votos, un país con más de 200 pero con menos de 300, tendrá derecho a 3 votos, etc.
La Asamblea de Representantes sesionará una vez a la semana y, en tiempos de crisis, se reunirá diariamente. Los representantes elegirán, por mayoría de votos, a un presidente y a un secretario, quienes coordinarán las actividades de la asamblea durante 4 años, pudiendo reelegirse para otro periodo igual si así lo disponen los representantes.
Todas las acciones relevantes de la ONU se realizarán previa votación de los representantes; sólo en casos urgentes el presidente podrá ordenarlas unilateralmente, pero posteriormente tendrá que consultar con el pleno de la Asamblea y revocarlas si así lo decide la mayoría. Las actividades rutinarias de los distintos órganos dependientes de la ONU no requerirán de la aprobación previa de la Asamblea, excepto en ocasiones especiales, como durante los brotes de epidemias globales, catástrofes naturales de gran magnitud, golpes de Estado, revueltas sociales, etc.
CUARTA PROPUESTA
a) La ONU y todos sus órganos se instalarán en un territorio propio, absolutamente autónomo e independiente, el cual será cedido por alguna nación, previa indemnización. El territorio de la Organización tendrá cuando menos 3 000 kilómetros cuadrados, y deberá ubicarse preferentemente en una isla cercana a zonas conflictivas, como el mar Mediterráneo, el mar Rojo o el golfo Pérsico.
b) La máxima autoridad del territorio autónomo de la ONU será la Asamblea de Representantes, misma que elaborará y promulgará la legislación necesaria para su gobierno.
c) Provisionalmente se seguirán utilizando los mismos idiomas de trabajo que tradicionalmente ha utilizado este Organismo, pero inmediatamente después de la reestructuración se iniciará un proceso que culminará en el uso de un lenguaje único. Se propone como idioma único de trabajo el esperanto, para lo cual se establecerá una institución encargada de su enseñanza y difusión, no sólo en el territorio autónomo, sino en todo el mundo. Se fijará una fecha límite para establecer el uso obligatorio de este lenguaje en el desempeño de todas las actividades realizadas por el Organismo, dentro y fuera de su territorio autónomo.
QUINTA PROPUESTA
a) La ONU dispondrá de una fuerza armada permanente, integrada por el número de elementos que establezca la Asamblea de Representantes. Este ejército contará con fuerzas terrestres, marítimas y aéreas, las cuales estarán instaladas dentro de su territorio autónomo. Sin embargo, cuando surja un conflicto grave y prolongado en alguna región del Planeta que requiera vigilancia continua, la Asamblea de Representantes podrá establecer temporalmente una base militar en esa región y la desmantelará cuando considere innecesaria su presencia.
b) Todas las armas químicas, biológicas y nucleares del mundo serán requisadas por la ONU y concentradas en su territorio autónomo, en donde la Asamblea de Representantes decidirá su destino final. Se pugnará porque las armas químicas y biológicas sean destruidas y que sólo se reserven algunas armas nucleares para destruir aerolitos o meteoritos que amenacen con impactarse sobre la Tierra.
SEXTA PROPUESTA
a) Todos los organismos mundiales que tengan que ver con las finanzas, el comercio, la ecología, la salud, etc. serán subordinados a la ONU. Por lo tanto, las instituciones tales como el FMI, el Banco Mundial, la OCDE, la OMC, la OMS, etc. serán reubicadas al territorio autónomo, y será la Asamblea de Representantes quien designe a sus directivos y apruebe sus programas.
SÉPTIMA PROPUESTA
a) La Asamblea de Representantes hará las gestiones necesarias para que todos los programas espaciales sean coordinados por la ONU, y que la colonización del espacio u otros planetas, si algún día llega a ocurrir, sea en nombre de toda la Humanidad.
Esteban Torres A.
________________________________________
Sábado, 30 Agosto, 2008 a las 1:32 pm |
Coincidimos en buena medida con tu visión de la situación mundial, Esteban. Sin embargo algunos de tus considerandos son premisas falsas, y finalmente tus propuestas las juzgamos ingenuas, incoherentes, y algunas, francamente, indeseables. En particular, creer a estas alturas en la bondad de un supergobierno mundial es de una candidez pasmosa y no podemos imaginar un futuro más terrorífico que el sometimiento de toda la humanidad a un superpoder único.
Nosotros creemos en la soberanía nacional y en el gobierno democrático como poder que emana del pueblo. Y tú reclamas la “cesión de soberanía” en favor de la ONU, “para que pueda ejercer a cabalidad su función de árbitro mundial plenamente soberano y autónomo”. (!!!)
Creemos que la ONU -a pesar de sus perversos orígenes, de sus deficiencias y de sus fracasos- puede ser una herramienta útil y mínimamente eficiente para promover la seguridad y las buenas relaciones internacionales, incluso para ayudar a la gobernanza de cada nación… Lo que tú planteas es justo lo contrario: convertir ese instrumento en fuente -artificial- de poder supremo y vaciar de poder a las naciones, a sus gobiernos y, por tanto, a los pueblos. Esto nos parece un totalitarismo planetario.