Francia abandonó la estructura militar de la OTAN en 1966 por decisión del general Charles de Gaulle, de cuya talla histórica y visión geoestratégica nadie duda. Nicolas Sarkozy, actual presidente de la República, pretende dar a Francia “el lugar que le corresponde” en la OTAN e impulsar la política europea de seguridad y defensa (PESD).
Con esa idea, Sarkozy ha puesto a su consejero de Estado, Jean-Claude Mallet, al frente de una comisión que debe elaborar de aquí a marzo de 2008 el “Libro Blanco de la Defensa y la Seguridad Nacional”. Mallet, que ha servido durante tres décadas al Estado, para ministros socialistas y para ministros conservadores, es un experto reconocido en asuntos estratégicos, relaciones internacionales, defensa y seguridad. El Libro Blanco anterior -en el que ya colaboró- es de 1994. El nuevo documento de referencia, que engloba por primera vez Defensa y Seguridad, pretende tener una vigencia de 15 años.
Viendo los pasos dados por Sarkozy al frente de la República y sabiendo de sus simpatías hacia las respuestas contundentes ante las amenazas exteriores, sentimos enorme curiosidad por conocer las directrices que aportará el nuevo Libro Blanco…
¿Cuál será, entonces, la respuesta de Francia si un país ataca a otro con el que empresas estratégicas francesas tienen contratos o acuerdos, como ocurrió en 2003 en Irak(*)? ¿Cuál será la respuesta francesa para defender sus intereses estratégicos en Sudán, por ejemplo, cuyo gobierno quieren derrocar fuerzas rebeldes que apoya EEUU? ¿Cuál será la respuesta francesa ante un caso de espionaje como el de la red Echelon? ¿O ante casos como los secuestros y vuelos clandestinos de la CIA? Para resolver estas y otras cuestiones tendremos que esperar a marzo del próximo año.
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(*) Entonces Francia mantuvo con EEUU un pulso diplomático y político que perdió y que acabó con sus espectativas estratégicas en la región. Recordemos:
En 1997 la petrolera francesa TotalFinaElf -la 4ª más grande del mundo- firmó un acuerdo con Irak para compartir la producción de crudo en los campos petroleros de Majnoon y Nahr Omar -que constituían aproximadamente el 25% del las reservas del país- en cuanto al ONU levantara las sanciones.
Se estimaba que el campo de Manjnoon contenía 30 mil millones de barriles de crudo (este campo solo podría cubrir las necesidades de consumo francés durante 30 años). El de Omar podía contener 6 mil millones de barriles que podrían producir 440.000 barriles diarios y ascender rápidamente a 500.000. Las inversiones en ambos campos fueron estimadas en 3,4 mil millones de dólares y el costo de producción de sólo 2 dólares/barril (uno de los más baratos en el mundo, quizás sólo superado por Arabia Saudita).
Las negociaciones entre la petrolea francesa y los iraquíes avanzaban satisfactoriamente, hasta el punto de que cuando en diciembre de aquel mismo año compañías petroleras españolas e italianas se interesaron por los 300.000 barriles diarios que se podían extraer en Nasyriyah, los iraquíes les dijeron que París tenía prioridad.
Las expectativas comerciales también eran buenas. Las exportaciones francesas a Irak habían aumentado considerablemente en los años previos a la guerra. Éstas se estimaban en 330 millones de dólares en 2000, más de 600 millones de dólares en 2001, y entre 1.000 y 1.500 millones de dólares en 2002. En la feria internacional celebrada en Bagdad a finales de 2002 participaron 150 compañías francesas. En 2003, por ejemplo, Alkatel estaba negociando un contrato por 76 millones de dólares para restaurar el sistema telefónico de Irak.
La guerra de EEUU contra Irak fue una guerra contra sus rivales: la “vieja” Europa liderada por Francia y Alemania, Rusia y China. Las petroleras de estos países habrían podido ganar en Irak 29.000 millones de dólares anuales de beneficios.
