El pasado día 10 el euro marcaba un nuevo máximo desde su creación al superar en su cotización los 1,37 dólares, como consecuencia de los problemas internos de la economía estadounidense.
Para los consumidores europeos la subida es buena porque eleva nuestro poder adquisitivo y suaviza la factura del petróleo. “Para el bolsillo del consumidor es positivo: el petróleo incide directamente sobre la inflación, y si se controlan los precios, no será tan necesaria la subida de los tipos de interés -y su temida repercusión sobre las hipotecas- que planea el Banco Central Europeo”, resumió Pablo Guijarro, de Analistas Financieros Internacionales.
Algunos expertos calculan que incluso podría llegarse a los 1,40 dólares por euro y que por encima de ese cambio, las empresas europeas podrían “empezar a sufrir”. Sin embargo otros, aunque reconocen que los efectos del actual escenario son ambivalentes, creen que no sería para tanto. Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research, aseguró que para las empresas, “el tipo de cambio influye, pero también aspectos como los costes laborales y, en definitiva, la competitividad”. “Van a sufrir las empresas cuyas exportaciones van a Estados Unidos y al área dólar, pero son las menos: el 75% de las ventas al exterior españolas van dirigidas a la UE”, dijo.
Recordemos que el nacimiento del euro supuso la entrada en los mercados mundiales de una divisa sólida, capaz no sólo de romper con el monopolio del dólar como moneda de referencia en las transacciones internacionales sino de derribar la base sobre la que se sostiene la economía -y también la supremacía política y militar- estadounidense. En efecto, EEUU, el país más endeudado del mundo, necesita las inyecciones de dinero que se derivan de las transacciones realizadas en todo el mundo con su moneda para financiar su inmenso déficit público y comercial. Y desde su nacimiento en 1999, la moneda europea ha crecido, lenta pero firmemente, como divisa de referencia en detrimento de la estadounidense. De hecho, según datos del FMI, el euro ha pasado de constituir el 18% de las reservas mundiales en 1999 al 26,1% en en primer trimestre del presente año, mientras el dólar ha caído del 71% al 64,2% en el mismo período. Y todo apunta a que esta tendencia se mantendrá en los próximos años.
