En el viaje del papa Benedicto XVI a Turquía (noviembre 2006) se dió un caso muy evidente de desinformación masiva. En efecto, el día 28, apenas aterrizó en el aeropuerto de Ankara, el líder de la Iglesia católica tuvo una entrevista con el primer ministro turco Erdogan. Después de la misma no hubo ningún comunicado oficial, pero los grandes diarios de todo el mundo, basándose en una rueda de prensa que concedió Erdogan, anunciaron a los cuatro vientos que Benedicto XVI había cambiado de opinión respecto al ingreso de Turquía en la Unión Europea. Según tales diarios, de la posición contraria que tenía Joseph Ratzinger antes de ser elegido papa, había pasado a una favorable…
Reproducimos a continuación íntegramente las afirmaciones hechas en el 2004 por Ratzinger respecto al ingreso de Turquía en la Unión Europea y los comentarios de exponentes de la Santa Sede a propósito del encuentro entre Benedicto XVI y el primer ministro turco. Y que cada uno se forme su opinión al respecto.
Cita 1, Joseph Ratzinger en “Le Figaro Magazine” del 13 de agosto del 2004, entrevistado por Sophie de Ravinel:
“Europa es un continente cultural y no geográfico. Es su cultura la que le otorga una identidad común. Las raíces que han formado y permitido la formación de este continente son las del cristianismo. […] En este sentido, Turquía ha representado siempre en el curso de la historia otro continente, en disputa permanente con Europa. Ha habido guerras con el imperio bizantino, la caída de Constantinopla, las guerras balcánicas y la amenaza para Viena y Austria. Por lo tanto pienso esto: sería un error identificar los dos continentes. Significaría una pérdida de riqueza la desaparición de la cultura a favor de beneficios en el campo económico. Turquía –que se considera un estado laico, pero fundado sobre el Islam– podría tratar de dar vida a una cultura que posea propia identidad, pero que esté en comunión con los grandes valores humanistas que nosotros todos deberíamos reconocer. Esta idea no se opone a formas de asociación y de colaboración estrecha y amigable con Europa y permitiría el surgimiento de una fuerza común que se oponga a cualquier forma de fundamentalismo”.
Cita 2, Joseph Ratzinger en un discurso del 18 de septiembre del 2004 a los agentes pastorales de la diócesis de Velletri, discurso reportado por el diario católico de Lugano (Suiza), “Il Giornale del Popolo”:
“Históricamente y culturalmente Turquía tiene poco que compartir con Europa: por ello sería un error grande englobarla en la Unión Europea. Mejor sería si Turquía hiciese de puente entre Europa y el mundo árabe o formase junto con este último su propio continente cultural. Europa no es un concepto geográfico sino cultural, y es un hecho que el imperio otomano siempre estuvo en contraposición con Europa. También si Kemal Atatürk en los años veinte construyó una Turquía laica, ésta sigue siendo el núcleo del antiguo imperio otomano, tiene un fundamento islámico y por tanto es muy diferente a Europa que también es un conjunto de estados laicos, pero con fundamento cristiano, aunque injustificadamente hoy parecen negarlo. Por eso, el ingreso de Turquía en la Unión Europea sería antihistórico”.
Cita 3, Dominique Mamberti, arzobispo y ministro del exterior de la Santa Sede, en el diario “Avvenire” del 26 de noviembre del 2006, entrevistado por Gianni Cardinale:
“No consta que la Santa Sede haya expresado una posición ‘oficial’ al respecto [del ingreso de Turquía en la Unión Europea]. Ésta, obviamente, sigue con gran interés la cuestión y nota que el debate, que desde hace tiempo está en curso, y las posiciones a favor o en contra de la admisión de Turquía en la Unión Europea, manifiestan que lo que está en juego es de suma importancia. Cierto, la Santa Sede considera que, en caso de adhesión, el país deberá responder a todos los criterios políticos acordados en la Cumbre de Copenhague en diciembre del 2002 y, en cuanto se refiere más significativamente a la libertad religiosa, a las recomendaciones contenidas en la Decisión del Consejo Europeo, del 23 de enero de 2006, relativa a los principios, prioridades y condiciones que figuran en la asociación para la adhesión con Turquía (Decisión 2006/35/CE)”.
Cita 4, Federico Lombardi, director de la oficina de prensa de la Santa Sede, a la prensa internacional, después del encuentro entre Benedicto XVI y Erdogan, el 28 de noviembre 2006:
“La Santa Sede no tiene el poder ni la específica tarea política de intervenir sobre el preciso punto referente al ingreso de Turquía en la Unión Europea. No le compete. Sin embargo ve positivamente y alienta el camino del diálogo y de acercamiento e inserción en Europa sobre la base de valores y principios comunes. En este sentido, el Papa ha expresado aprecio por la iniciativa de la alianza de las civilizaciones promovida por el premier Erdogan”.
